La poesía me ha salvado
Seguimos recordando que el yo se fue por otra parte, que cuando más me preguntaba sobre mí mismo, más me llevaba al origen de la poesía; y al cabo de estos años —treinta y uno ya—, he intentado reconocer que, sobre las dudas inmanentes, al estar en el vacío, he perseguido comenzar un verso, e idealizar un espacio igual que Don Quijote denominaba a la venta castillo encantado. Esa sensación de que no llego a ninguna parte y lo que me queda es esperar; esa perplejidad llena de contemplación que me sacia como una pequeña taza de café. La necesidad es estar en el huracán como una premonición, que desde esa utopía disruptiva se construya la realidad. El fenómeno apocalíptico que estudian diferentes estudios sobre la postmodernidad, intercede en la estructura de un poema como mapa primigenio en el que desarrollar un sueño: la plenitud de la vida nunca ha estado en la abundancia, el desarrollo de las formas artísticas ha intentado dibujar una solución a algo inevitable, la vida, y la ha dotado de un espacio de comprensión inherente a sí misma. La estructuración de las cosas posibles, como el significado que le da el profeta a su mensaje, me hace considerar que, de alguna forma, saldremos de ésta como saldremos de otras. ¿El vacío lo llamo sueño? Desarrollar desde esa sensación una minoría, que el equilibrio divergente venga entendido por una de esas etapas inconscientes de la luz, su desarmonía. El sujeto se contempla a sí mismo, pero lo hace en el espejo de la alteridad.[1] Esa desarmonía reajusta los símbolos sobre un camino nuevo, la enfermedad, mientras recordamos que desde esa desorganización renombramos una forma de vida. El hecho de esperar admite un lugar sobre las cosas, y ese castillo encantado se convierte en el símbolo abanderado de la poesía.
La importancia no estriba en salir fortalecido de la postmodernidad, sino de construir un molde para entender esa alteridad. Ya eres otro, ya tu mundo es un lugar irrenunciable para desarrollarte. La poesía es una sensación humana, y su inmanencia la encontramos en un estado de ánimo singular. ¿Cuál es? Posiblemente está en la irrupción de un dualismo entre máscara y espejo, la efervescencia de esa alteridad.
[1] Ana Isabel Méndez Escribano, Identidad, lenguaje y pensamiento en la literatura del siglo XX, p. 20
Comentarios
Publicar un comentario